lunes, 24 de diciembre de 2007

TANATHOS – ESCAPE DE UN MUNDO FELIZ

TANATHOS – ESCAPE DE UN MUNDO FELIZ

I
Un grupo de hombres se hallaba alrededor de una gran hoguera, compartiendo una botella de licor casero, chacchando la hoja de la coca como parte de un extraño ritual, conservado pese a la inclemencia de los tiempos modernos; de repente, se acercó un individuo de apariencia caucásica, saludó al líder del “círculo” y se sentó al lado de otro sujeto, un tipo de aproximadamente 45 años, de tez mestiza y ojos negros como los socavones más profundos de los cerros guardianes.
Usted es Tanathos no es así – dijo el recién llegado, manejando un adecuado español.
El aludido sonrió mientras masticaba la coca, luego observó a los demás, haciéndose el distraído.
Soy periodista de la revista “FREEDOM”, hace tiempo que le estoy siguiendo los pasos, mi nombre es Stevens, Douglas Stevens – afirmó aquel sujeto mientras colocaba un visor sobre un área de la mano, aquel aparato proyectó al ambiente una ficha virtual, con la imagen digitalizada de Douglas así como muchos datos relacionados con su persona. Nadie se inmutó ante aquel aparato ni con el despliegue de tecnología mostrado.
Estos “gringos” y su mundo moderno – dijo Tanathos – bueno, por lo que puede darse cuenta, aquí todos estamos al día con la modernidad, convive el ser ancestral con el tecnológico.
Douglas sonrió ante el comentario de Tanathos, luego recibió educadamente la coca y procedió a masticarla, acompañándolos en aquella reunión. En un momento dado se empezaron a entonar ciertos cantos en lenguas ancestrales mientras las primitivas quenas se elevaban al unísono.
Esta es una reunión trascendental – dijo Tanathos – un himno al mundo antiguo del cual provenimos. Douglas estaba bastante a gusto con lo que veía, ya era algo conocido por aquellos lares, pero no era el hacer turismo la razón por la que estaba allí, Tanathos lo sabía, sus fuentes le habían informado acerca de aquel visitante, decidió acceder a la petición de Douglas y concederle su tan ansiada entrevista; el periodista, presuroso y bastante contento, se acomodó mejor y comenzó su interrogatorio, las dudas por fin serían esclarecidas.
Quisiera saber – dijo Douglas – el porqué de ese sobrenombre – ¿Cómo empezó todo esto?, ¿Cómo nació Tanathos?
Amigo mío – dijo Tanathos – aquello ya es historia antigua, mi vida pasada ha quedado sepultada y es mejor así; es el hoy el que me importa, la resistencia y la lucha contra aquellos que tratan de extirpar creencias como estas, aniquilando de paso la libertad. Lo que fui quedó relegado, perdido en la brecha del ayer.
Douglas sonrió, grababa las palabras de Tanathos en un dispositivo que tenía insertado en su cerebro, constituía un almacén de acceso rápido, una memoria artificial a la cual podía acceder luego por el correspondiente puerto terminal que se ubicaba en el extremo derecho inferior de su cabeza.
Tanathos sonreía ante la pasión del periodista y sus preguntas, pero de algo estaba seguro, sus palabras despertaron recuerdos y añoranzas, también miedos, sus ojos miraron el fuego y luego el cielo obscuro, buscando aquellas partes de su vida que nadaban en el mar de la incertidumbre.
II
¡Hey Cosme! - Sonó la voz de Federico - ¿Hasta cuando debemos esperar por el trabajo que te solicitamos?, el plazo se cumple y el Intendente de la sección está que echa fuego, si el Supervisor de Área se llega a enterar de tu retraso la vas a pasar muy mal.
Cosme se incorporó y respondió con un gesto de apatía a los reclamos de su compañero quien al ver su reacción se retiró del lugar maldiciéndolo. La vida de Cosme transcurría en la rutina de obedecer planes diarios y cronogramas establecidos de trabajo, cada día era tan semejante al anterior, pero según le decían todo era para beneficio del sistema, la organización era uno con la persona, sin el sistema el individuo era nada, solamente un elemento desechable que no significaba beneficio alguno para la causa.
“El progreso científico y la trascendencia histórica se verían retrasadas con actitudes ociosas e inservibles”; Frases como esta constituían los slogans de los medios de comunicación públicos, día tras día, además estaban plasmados en representaciones virtuales, paneles interactivos, etc. Los fines de semana había sesiones y asambleas generales en las que se discutía sobre como mejorar el desenvolvimiento de los trabajadores así como la forma de corregir las deficiencias que perjudicaban la consecución de los objetivos y metas trazados para ese mes; Todas estas sesiones comenzaban con discursos ensalzadores del aparato de gobierno, calificado como único representante del pueblo, gobierno popular que defendía la causa de los justos, fuerza que dirigía a la masa en la lucha de clases contra la sociedad del exterior. El transcurrir de las reuniones y de todo evento que se realizase se colmaba de mensajes en los que se exaltaban cosas como el progreso de la ciencia y el protagonismo histórico.
Cosme recordaba aquel mundo desde que era muy pequeño, la educación también se basaba en todos estos mensajes, los dirigentes pensaban que la historia debía ser reescrita, dejando a un lado toda aquella basura industrial - consumista contaminante. La educación era el principal centro de adoctrinamiento.
Esto era el resumen de la vida en “UTOPÍA”, nombre del asentamiento donde Cosme vivía, forjado en el sitio en que una vez se levantaron distritos populares limeños del siglo XX y comienzos del XXI; lentamente aquellos fueron degenerando, consumidos por el vacío de sus sub – culturas y por la alienación atosigante, hasta que un día alguien inició un nuevo orden, expulsó a la escoria y comenzó la tarea de reconstrucción, tanto física como mental, no estaban solos en su lucha, había otros intereses, pero estos supuestamente también iban de la mano con la causa.
Sin embargo, hubo muchos que si bien en un primer momento aceptaron aquel reordenamiento luego fueron cambiando de parecer, se generó así una red subterránea de resistencia la cual se dejo sentir lentamente, pero sabían que sus intentos por enfrentar abiertamente aquel poder emergente serían nulos, los que lo intentaron sirvieron como conejillos de indias a las nuevas tecnologías que se estaban implantando, orientadas al control del orden y de la estabilidad, de la seguridad del pueblo, de sus cuerpos y mentes. Aquellas minúsculas redes optaron por difundir a algunos el conocimiento del mundo exterior, facilitando en ocasiones el escape de UTOPIA ya que sus habitantes estaban prácticamente prisioneros, no teniendo “contactos” excepto con aquellas otras ciudades que profesaban su “credo” político. UTOPIA era parte de una gran red, en disputa con otros grupos de poder.
Cosme frecuentaba a una célula con la que había tomado contacto hacía poco tiempo; Era joven, tenía 23 años, no toleraba el modo de vida implantado por el sistema desde que era adolescente, cuando había rechazado el pertenecer a las “Legiones Juveniles” de las cuales saldrían los futuros represores, comisarios del orden y demás funcionarios estatales. Cosme prefería apartarse de aquella organización, sumiéndose en datos proporcionados por la “resistencia”; le fascinaba la tecnología, era un experto en programas, sin embargo su conocimiento sólo debía orientarse a los objetivos del Sistema, no a otras cosas. La resistencia le brindó las herramientas para expandir su mundo; primeramente, consiguió dispositivos para bloquear las señales interceptoras implantadas en su computador; así libre, pudo experimentar con un sinnúmero de posibilidades desde música hasta la elaboración de arte, 3D, 2D, comic virtual, simulaciones, etc., tecnología algo anacrónica para la época pero que constituían sus más queridos elementos de diversión y aprendizaje; provenientes de una cultura que había sido catalogada de transgresora, estúpida, alienante, destructora de mentes, viciosa, ociosa, entre otros improperios; pero todo ese discurso era basura para Cosme, había aprendido a valorar la extraña libertad que el mundo de afuera le daba.
Ese día, Cosme terminó su labor a regañadientes, se retiró de su centro de trabajo entre reclamos y quejas de algunos de sus compañeros, su personalidad le generaba muchos problemas. Enrumbó por una calle en la que sólo veía personas con el rostro inexpresivo, parecíanle zombis, hombres y mujeres máquina, sin alma.
Cosme apresuraba el paso, deslizándose por los rincones de aquella ciudad, su paranoia se había incrementando, sin ella no se podía vivir en esos tiempos, sobretodo llevando el estilo de vida que ostentaba, sus pasos lo conducían a aquella entrada que lo llevaría al lugar donde disipaba su penas. Cuando dobló la esquina, se encontró con una patrulla de comisarios, bien armados y apoyados con “maquinas de reeducación”; agazapado, pudo ver como desfilaban uno a uno aquellos con los que había compartido horas de diversión, entre ellos desfilaba una joven de unos 20 años con la cual tuvo varias noches de amena charla, ella luchaba por no dejarse arrastrar como si fuera cualquier cosa, en eso pudo zafarse de las manos del comisario que la sujetaba, acto seguido le escupió en la cara, una de las máquinas detectó el hecho y en unos segundos algo salió de ella, disparando a la joven en medio de los ojos, cayendo muerta de inmediato; Cosme tuvo que contenerse, algunos de los que eran llevados perdieron la razón, quisieron resistir, pero sus actos de violencia fueron detenidos por la máquinas quienes emitieron un extraño pulso el cual provocó la explosión de la cabezas de los rebeldes, los comisarios estaban protegidos por dispositivos implantados que los hacían inmunes a aquel golpe sónico.
Tanta muerte le pareció a Cosme atroz y nauseabunda, sigilosamente escapó, primero despacio luego a toda carrera, nunca había sentido tanto miedo, emprendió una maratónica jornada para salvar su vida. Llegando a su unidad de vivienda, chequeó su identificador cutáneo con la “verificadora” de la puerta del edificio, aun estaba a salvo pues pudo ingresar, de habérsele detectado como “nocivo” el identificador se habría negado a abrirle la puerta; Corrió presuroso a su alcoba, debía desinstalar los accesorios de su computadora, borrar la información, pero sabía que no era suficiente, aquellos sobrevivientes a la masacre de hace unos momentos serían “exprimidos” por los “Pishtacos”, ellos se encargaban de extraer lo necesario de sus víctimas. Quizá su nombre ya estaba a disposición de la Fuerza de Seguridad, tomó una decisión vital, cogió lo que pudo y nuevamente salió corriendo, había una única esperanza, una salida que la resistencia le había enseñado en caso de emergencia, una de las anomalías olvidadas por las autoridades de la ciudad. Salió de su vivienda y luego del edificio, cuando lo hizo, una señal se activó en la maquina verificadora, era un mecanismo de censura el cual advertía a los sistema de vivienda de cada unidad acerca de una entidad nociva en el edificio, sus propios vecinos ahora se convertirían en sus verdugos.
Cosme sentía que su ansiedad se elevaba a niveles alarmantes, le tomaría unas horas llegar al lugar donde se hallaba la entrada. El tiempo pasó como un bólido, la salida estaba prácticamente a su alcance, pero en ese momento una mano cogió a Cosme y lo llevó a un rincón, ocultándolo; todo estaba perdido o al menos así parecía, pero por suerte no era un comisario el que lo había sorprendido, se trataba de Máximo, uno de los miembros del grupo resistente, había podido escapar casi a las justas, era uno de los pocos que lo había logrado. Cuando Cosme se tranquilizó, Máximo le contó que la Fuerza de Seguridad pudo vencer las barreras que protegían las instalaciones de su unidad; las “máquinas ubicadoras”, gracias a nuevos dispositivos decodificadores, vencieron a los sistemas de “ocultamiento”, descifrando sus claves y desactivándolos, así se vieron descubiertos; Ante aquello se tomaron las medidas necesarias, las mentes de los miembros líderes fueron extraídas y enviadas por la red hacia el sistema Net del mundo exterior, allí estarían a salvo, transformados en otros seres. Una leyenda urbana hablaba del “Yo virtual” y su existencia independiente en la Red, ¿Una nueva forma de vida?, mitos populares con carácter de verdad. Escasos minutos después de realizada la operación mencionada, los Comisarios hicieron su aparición y detuvieron a casi todos los presentes, confiscando las máquinas y sistemas de datos del lugar; Máximo, junto a unos pocos se habían podido adelantar a los demás, alcanzando una de las salidas de emergencia, allí abordaron un “deslizador” el cual los condujo por una red de escape hacía un lugar seguro. Máximo afirmó que en éste momento seguramente los sobrevivientes debían estar siendo sometidos al Escaneo y extracción de las señales del pensamiento, la información que los comisarios deseaban habíase perdido en la red pero alguna se mantenía en los dispositivos cerebrales o en el mismo cerebro de los prisioneros; Era un hecho que sus mentes ya habían sido violentadas, develándose la identidad de muchos asiduos al grupo; Cosme pensó que esa era la razón por la cual se desató la señal de censura en su edificio, desgraciadamente su nombre habría sido el primero en caer, le sorprendió la rapidez con la que accedieron a él, quizá usaron algún tipo de tecnología portátil la cual fue aplicada inmediatamente, ni siquiera fue necesario llevarlos a los cuarteles o a los edificios de “destripamiento neuronal” como vulgarmente se les llamaba. Máximo se vanaglorió de que en su caso habría sido difícil ya que portaba un conjunto de implantes que dividía la información en trozos, tenía una mini red codificada en su cerebro la cual dificultaba la ubicación de los datos, pero ahora eso era lo de menos, debían escapar. Desgraciadamente la entrada principal había caído en manos de los Comisarios y sus Maquinas Reeducadoras. Hasta esos momentos, la mala suerte parecía perseguir a Cosme.
Máximo condujo a su acompañante a una entrada alterna, ese sería su pasaporte a la libertad, recorrieron un trecho ligeramente largo desde donde estaban, ingresando a una casa abandonada, allí Cosme fue el primero en entrar, de pronto un ruido dominó el ambiente, era una máquina reeducadora junto a un grupo de guardias, la información de aquel lugar ya estaba en poder del Sistema. Máximo sabía que aquello era su perdición, observó a Cosme quien ya estaba dentro de la vivienda, le gritó que la entrada estaba delante de él, arrojándole un dispositivo, diciéndole que apuntara a una extraña escultura que se hallaba a pocos pasos de su ubicación, debía hacerlo pronto.
Los guardias avanzaron, la maquina reeducadora era algo extraña, una especie de rectángulo que levitaba ligeramente, coronado con una especie de torreta cúbica; en la parte superior poseía un conjunto de antenas y dispositivos, en su clara superficie llevaba pintado el logo del sistema: Una mujer que abría los brazos, sonriente, coronando una extraña representación de altos y luminosos edificios, formas armónicas de una urbe perfecta.
Bastardos, vengan por mi – fueron las últimas palabras de Máximo; Cosme corrió, activando la puerta de entrada con el aparato que le fue entregado, ingresó raudamente, cayendo por una especie de tubo que resulto ser un vehículo que ante el contacto corporal activó un sistema de seguridad que aprisionó inmediatamente el cuerpo de Cosme, arrancando a todo poder, dirigiéndose a las entrañas de la tierra. Cuando los guardias estaban cerca de Máximo, éste presionó un interruptor escondido, la casa explosionó sepultando a todo ser que estuviera dentro o cerca de la misma, segundos después llegó el resto del contingente de comisarios, encontrando un panorama desolador, un oficial solicitó una Escaneadora de Terrenos para poder monitorear el área, buscando alguna anomalía o estructura escondida debajo de los escombros, tendrían que esperar un momento.
El vehículo que conducía a Cosme se desplazó a una velocidad inhumana, él mismo no supo como pudo resistirlo, quizá lo ayudó su instinto de supervivencia. Cuando el viaje concluyó, Cosme cayó al suelo, vomitando todo lo que tenía dentro, incluso pensó que en un momento más saldrían la totalidad de sus órganos; cuando se repuso de toda aquella peste, visualizó un vehículo pequeño, por lo visto la resistencia había pensado en muchas cosas, sabía más o menos su funcionamiento, era un unipersonal, por suerte no era una de las cosas prohibidas por el sistema. El camino se extendía por una senda semi – despejada; el vehículo, puesto que se desplazaba levitando ligeramente, no se hizo problemas con el terreno.
En la superficie, la máquina que sondeaba el área captaba sólo interferencia, la explosión había descargado un “pulso de confusión” que impediría cualquier rastreo por unos minutos, quizá una hora.
Cosme recorría aquel pasaje subterráneo, en la minicomputadora del vehículo había trazada una ruta, con su convenientes desvíos en caso de emergencia, era extraño que todo aquel conjunto de pasadizos hubiera sido dejado de lado por la Burocracia de UTOPIA, quizá no le tomaban la debida importancia, o también era posible que los archivos acerca de aquellos se hubieran perdido.
Por fin, Cosme pudo salir, el final del camino lo llevó a una abertura ligeramente cubierta de roca. Según lo indicado en la pantalla del vehículo, estaba a un par de kilómetros lejos de la ciudad, aquello le parecía imposible, había podido escapar pero a costa de muchas vidas; Descendió del vehículo, en el extremo de una pared había un mecanismo disimulado, no necesitaba de clave alguna, era algo primitivo, lo accionó y así la disimulada entrada se abrió dando paso a la luz del mundo exterior. El vehículo que le había servido para escapar le ayudaría ahora en su desplazamiento por aquel nuevo universo, volviose y vio aquel camino obscuro por el que había transitado, exhaló un suspiro y luego salió de aquel socavón, detrás de él la puerta se cerró de manera automática, tragándose su antigua vida. Cosme estaba libre, pero aquel mundo tampoco era seguro, quien sabe lo que tendría que encarar, recordó de pronto acerca de un grupo de personas y de un asentamiento que constituía el polo opuesto a UTOPIA, valores totalmente contrarios, extrañamente esta “ciudad” también se enfrentaba al sistema, Cosme quiso saber el porqué de aquello, la resistencia le había comentado como llegar allí, por suerte aquella información estaba aun almacenada en su memoria artificial, debía ponerse cuanto antes en camino.
Recordando su vida pasada, Cosme pensó que lo que estaba encarando era una especie de renacer y como todo recién nacido necesitaba un nuevo nombre, recordó la muerte de sus amigos, el sacrificio de Máximo, quizá él mismo sería dado por muerto, o lo que era lo mismo, exiliado, fugitivo, traidor, ente inservible. Tanta muerte, incluida su muerte social, le trajeron a la memoria un nombre que había leído, pertenecía a la Mitología Griega, Tanatos, el Dios de la muerte; Cosme pensó que si le agregaba una “h” a la “t” final se vería mejor, TANATHOS.
Recordando una idea que los educadores repetían en UTOPIA: “El hombre es producto de la información social, pero esta puede ser peligrosa por lo que debe controlarse, el sistema hace eso por ti, por que su deber es protegerte, aun de ti mismo”, Tanathos enrumbó hacía su destino, dispuesto a comprobar cuan peligrosa podía ser aquella, o si todo era únicamente una vil patraña, si era así entonces no descansaría hasta dar muerte a aquella creencia, haciendo honor a su nuevo nombre.
Volviendo al presente, Tanathos reflexionaba acerca de su vida, recordando todo aquello, pensó que hacía mucho tiempo que no usaba su verdadero nombre, se dio cuenta que realmente merecía aquel apelativo pues su “poder” había sido tal que se había dado muerte a sí mismo.



CHRISTIAN DENNIS HINOSTROZA GARCÍA
MORMEGIL
dennis_garcia13@hotmail.com

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